A principios del siglo XIX una multiplicidad de viajeros, pintores y naturalistas europeos visitaron América, contratados algunos por las recientes repúblicas o motivados otros por la curiosidad que el “exotismo” americano les despertaba. Un caso paradigmático a este respecto es Johann Moritz Rugendas (Juan Mauricio Rugendas), pintor y viajero alemán, quién retrató gran parte de América, especialmente su paisaje, tipos populares y mundo indígena.
El viaje de Rugendas por América comenzó con su visita a Brasil en 1821, época marcada por complejas definiciones y desafíos que afrontaron las inauguradas repúblicas latinoamericanas. La necesidad de construir una nación con pasado y proyecto común, exigió a dichas repúblicas la identificación de aquellos actores que debían ser considerados como parte de la nueva nación. Una vez constatada la heterogeneidad étnica americana, las élites gobernantes debieron referirse respecto a las poblaciones indígenas de sus territorios.
En Chile, los gestores de la independencia y el republicanismo no dejaron de aludir en sus escritos políticos al tema de la inclusión/exclusión de los indígenas en este proyecto.
Aunque muchos historiadores han trabajado esta temática, se advierte que sus búsquedas se han restringido a la documentación escrita. Los discursos sobre “los indios” proferidos por la élite decimonónica, han sido identificados por estos historiadores principalmente
en los discursos políticos, en proclamas, artículos de prensa o sesiones del Congreso, esquivando, dejando en un segundo
plano o no advirtiendo otro tipo de fuente documental producida en la época.
Nos referimos en concreto a la imagen. Hace ya varios años Burke señalaba que los historiadores, cuando utilizan imágenes, las consideran ilustraciones decorativas, insertándolas sin mayor
comentario; o, en otras ocasiones, las utilizan para ilustrar las conclusiones que han logrado mediante un trabajo de archivo y “no para dar nuevas respuestas o plantear nuevas cuestiones”.
La percepción y descripción del territorio, para el pintor viajero, incluyó además la representación de los diversos tipos humanos, los individuos representativos de la realidad observada, así como su historia y costumbre, es decir, aquello que constituía la temprana identidad de América. Rugendas asumió el modelo del “cuadro” propuesto por Humboldt incorporando los elementos de la geografía y el medio ambiente a la realidad social representada.
En síntesis, todo indica que los escritos del científico alemán y amigo del pintor, Alexander Von Humboldt, sirvieron como guía para pensar el registro visual de la naturaleza y el paisaje americano.
De entre sus principales obras, curiosamente se encuentran dos ilustraciones sobre cartón duro, contextualizadas en Amatlán de los Reyes, una llamada 'India de Amatlán de los Reyes' ca. 1833 en donde se muestra una mujer de caracter serio, con los brazos cruzados, de pié, ataviada con un robusto y amplio huipil con deshilado y grecas que hace sugerir que fue elaborado en telar de cintura y contrastaba dos tonalidades; con un listón satinado en el pecho, de una anchura considerable, una enagua o enredo oscuro; peinada de trenzas, enredadas alrededor de la cabeza y una manta o parte de un vetusto huipil sobre ella, cuya funcionalidad contra los rayos del sol era muy efectiva; y descalza.
Y un paisaje que muestra la flora y fauna, propia de la Zona Centro del estado de Veracruz, como cerdos, perros y aves de corral, con el mismo personaje descrito anteriormente en una situación social, recibiendo la visita, muy probablemente del mismo viajero; Rugendas, con el iconico Citlaltépétl al fondo,









