[...] -el muchacho-, se pone sus huaraches nuevos, su cotón, calzón y sombrero nuevo, allí va chocante, estrenando, a 'mirar' a las muchachas que van a misa, porque ya quiere casarse; las muchachas llevan sus huipiles y van tapadas con su rebozo para que no las vean, apenas muestran su cara para ver donde caminan para entrar a la Iglesia.
Hemos mencionado aquí la Cédula Real fechada en abril 7 de 1778, sobre la prohibición de enlaces matrimoniales en menores de edad, puesto que algunos, sino es que muchos, casos se sucitaron en Amatlán de los Reyes.
Antaño se celebraba por tradición un ritual de 'casamiento' muy particular con sus propios ecos y sortilegios, el jóven varón que se consideraba listo para casarse o tener compañera, fuera a la edad que fuera, acudía a un punto de encuentro para poder ver a las señoritas y que mejor lugar que la iglesia.
Dado que el cortejo es una actitud realmente cardinal, el joven se vestía de la mejor manera posible con su 'calzón' y camisa de manta, algunas veces de lino, sus huaraches nuevos y sombrero de palma, para ir en pos de una posible conquista; una vez en los alrededores de la Iglesia veía por varias ocasiones a una doncella en particular y una vez seguro de haberle echado el 'ojo' a una, investigaba en donde vivía, quienes eran los padres y todas las particularidades que requería saber.
Enseguida acudía con sus padres a dar la noticia y encomienda de ir a la casa de la señorita, a pedir licencia o el consentimiento de los padres de ella, para poder casarse. Para esto sino iba personalmente con sus padres 'contrataban' a una persona que se dedicacaba a llevar el mensaje o propuesta de casamiento a casa de las señoritas, llamada casamentera, quien es la encargada de ir y en nombre de los padres del joven anunciar las intenciones del pretendiente, denotando el cariño que le tiene, los esfuerzos que hará para mantenerla y hacerla feliz, 'no le faltará alimento, vestido y calzado, nada le hará falta; dejará cualquier vicio y no andará de parranda'.
'Así pasaba y la mujer -casamentera-, iba hasta tres veces a la casa de la muchacha, por que si se cumplían las tres veces y los padres se negaban, ella ya no insistía, - dicen que no te van a dar a su hija, que ellos la aman y no quieren que sufra por tu culpa-, daba como argumento. Sin embargo el siguiente recurso era que el Párroco, encargado de la Iglesia, fuera una cuarta vez, ahora advirtiendo - El muchacho quiere casarse con tu hija, y si te niegas se la va a robar-, por lo que en muchos de los casos los Padres de la joven accedían para que no se llevaran lejos a su hija.
"Y si ya te fueron a pedir, tu nada más escuchas, no puedes decir nada, allí atrás de la puerta o en la cocina, solo sabes que el hombre ya quiere casarse, pero tu ni lo conoces; ... a tí no te queda mas que aprender a cocinar, lavar, a atenderlo, pues ya te vió, ya te quiere de su mujer".
En este último caso, cuando los padres accedían a dar a su hija en matrimonio, existían algunas condiciones para formalizar el compromiso; el pretendiente debía trabajar por lo menos un año en las actividades que le mandara el papá de la joven, que por lo regular eran labores de campo, lo acompañaba y hacía lo que le ordenara y el cumplía sin menoscabo, cortar piña, naranja, plátano; café, majarlo y molerlo, rajar leña, limpiar el monte, etc.
Mientras tanto, en la casa de la señorita, la Madre de ésta le enseñaba todo lo necesario para 'atender a su futura pareja', martajar el nixtamal para obtener la masa, echar tortillas, lavar, guisar, bordar; tostar el café; actividades que la joven, muchas veces sin comprender, debía aprender, ya que en ningún momento se le pedía parecer u opinión, pues era un acuerdo de sus Padres con el pretendiente y sus Padres.
"Aunque el muchacho no te gustara, no lo conoces, ni has platicado con él, ya te fue a pedir y te vas a casar con él; ...pues ya después lo conoces, tendrás tiempo para platicar, pero mientras no sabes nada; no es como ahora que andan de novios muchos años, allí era nada mas así".
Al término de ese tiempo, el pretendiente acude a la casa de la novia con una dote, que incluye granos como frijol y maíz principalmente, picante y tepache o licor; así como una canasta de pan que encargaba a los panaderos de la Villa llamado 'marquesote' o 'bizcocho', bolas de cacao molido en metate y leche, para que la joven preparara chocolate caliente, como muestra que 'sabe cocinar' y garante de que va a atender al futuro esposo, para acordar la fecha de la boda.
Se dice además que en esa cita, se le daba de comer salsa picante -de chile comapeño- al joven para que, si al comerla no hacía gesto alguno tenía el permiso de casarse, de lo contrario negaban el consentimiento y decían que no estaba listo para el matrimonio.
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| Huipil perteneciente al museo de Quai Branly en París, la técnica de tejido corresponde a la región Chinanteca de Oaxaca; su proceder es de Amatlan de los Reyes, elaborado a finales del siglo XIX. Foto: Karen Edwell Flickr |
Una vez fijada la fecha del enlace, correspondía al novio adquirir el ajuar de la novia que consistía principalmente en un huipil muy parecido a los de la Región mixteca o chinanteca oaxaqueña, que podía adquirirse en Otatitlán o los límites del estado de Veracruz y Oaxaca regularmente de color rojo o blanco; algunas veces confeccionado con cintas y troquelado, con grecas e hilo pasado, regularmente en colores rojo, azul rey y verde seco, como accesorios collares con cuentas de coral, monedas de plata y, cuando se tenían, de oro; aretes del mismo material y huaraches, en el mejor de los casos.
Para el varón se adquiría una camisa de manta con motivos bordados en el pecho, conocida como coyocotón, pantalón o calzón de la misma tela, huaraches nuevos y sombrero de palma.
Previo a la celebración del enlace matrimonial, se realizaba una velada en la casa de la novia, acompañada de sus familiares y un grupo de mujeres, con música -, "la celebración consistía en que la 'desposada' era llevada a cuestas, una prima noche, una amanteca, que es médico e iban con ella cuatro mujeres con sus astillas de pino resinado (ocote) encendidas, con que la iban alumbrando en el camino y llegando a casa del 'desposado', los padres del 'desposado' salían al patio de la casa a recibirla".
Llegado el día de la unión de ambos, los padres del novio recibían a los futuros esposos con abundante sahumerio e incienso, para purificarles, en primer lugar el Padre el joven los sahuma y enseguida la madre, dándoles la bienvenida, principalmente a su 'nueva hija'.
"y los metían en una sala o casa, donde el 'desposado' la estaba aguardando y en una estera con sus asientos, junto a un fogón de fuego sentaban a los desposados y les prendaban y ataban el uno al otro, con sus ropas y hacían sahumerio de copal a sus dioses".
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Mujer risueña que viste un huipil de boda, en un patio cercano a un cafetal; muestra del uso de esta indumentaria en lo cotidiano. Foto. J. F. Jarvis ca. 1890-1900. |
Al centro de la morada se tiende un petate, para que los futuros esposos se hinquen para ser esposados por un anciano o anciana, que resida en la Villa, solicitan a los padres unas coronas echas de margaritas para colocarlas en la cabeza de los jóvenes, collares y lazo del mismo material, además como simbolismo de esta unión se toman ambos ropajes y se atan para consolidar la unión de la nueva pareja.
"Y luego dos ancianos y dos ancianas que se hallaban presentes como testigos y daban de comer a los desposados y después comían los viejos y acabada la comida, los viejos y viejas hacían un parlamento cada uno por si a los desposados, dándoles buenos consejos de cómo se habrían de tratar y vivir y la carga y estado que tomaban, cómo lo habían de conservar para que viviesen con descanso".
Ya que mientras todo eso sucedía algunas señoras acudían a casa del novio para ayudar a preparar todo lop necesario para la elaboración del mole; limpiar especias, limpiar el espacio, acomodar los metates, braceros, poner el nixtamal, poner cal a las cazuelas; a los varones correspondía llenar los jarros de pulque, preparar un rico tepache y obtener la deliciosa castila o dulce de caña, colocar el 'manteado', etcétera; sea todo lo necesario para llevar a cabo el comvite a todos los asistentes a la celebración.
Porsupuesto que no podía faltar la música, grupos que con la guitarra, arpa, jarana, banjo e incluso marimba, amenizaban la reunión e interpretaban la danza del Xochipitzahuatl, que a la letra de algunos sones, se da muestra de esta historia mixta entre dos personas y el destino que se incuba, además de temas varios, que alegraban de forma característica el día.
Cuani catca ti doncella - Cuando era doncella
Tlen colalix tlen aretes - entonces ten corales, ten aretes
Zan tlamo qui amonamiktli - Ahora que soy vieja
Tlen patada tlen puñete - Entonces ten patadas y puñetazos.
(Son El Armadillo - Xochipitzahuatl Amatlán de los Reyes, Ver.)
Una vez terminado el baile, los Padres de ambos jóvenes se reconocen como compadres y se combidan un poco del baquete que se ha llevado a cabo, han ganado un hijo y una hija, respectivamente.
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* Tradición oral en Amatlán de los Reyes.
** El huipil es la prenda femenina más tradicional de la mujer indígena desde la antiguedad. Consiste en un lienzo de tela doblado con una apertura para introducir la cabeza y dos más para los brazos cuando va cerrado. El lienzo se compone a su vez, de uno, dos, tres y algunas veces hasta de cinco tiras de tela que se unen entre sí. Actualmente, esta prenda se sige manufacturando, al igual que en la época prehispánica, en telar de cintura aunque algunas veces se elabora también con telas comerciales. Se teje en la mayoría de los materiales textiles, como algodón, lana y seda, que se combinan con adornos de listones y encajes. El textil mexicano tradicional en http://www.artesehistoria.mx/. Recuperado el 27 de octubre de 2016.












