El Xochipitzahuatl o Xochipitzahuac, es un 'sonecito de la tierra' con una tonada muy pecualiar y una letra, que con orgullo, exalta las costumbres locales y el cortejo entre la pareja que se demuestra cariño. De temática romántica y a la vez de desencuentro, gran parte de los versos de este son evocan a la naturaleza, la fauna, la mujer, el matrimonio y la vida de casados.
Durante celebraciones como Mayordomías o cofradías, bodas, bautizos y viudas de píña, caña o café, así como de otras festividades civiles y religiosas los habitantes de Amatlán danzaban al ritmo de las notas de este himno amatleco; con pasos sincopados y acompañados de jarana, arpa, guitarra, banjo e inclusive marimba, respetuosamente ofrecían sus movimientos pendulantes a la Madre Tierra como símbolo de humildad y agradecimiento por las dádivas recibidas.
Sin embargo la letra de este son, que particularmente se canta en Amatlán de los Reyes, parece ser que se interpretó hasta finales de la primera mitad del siglo XX; las personas que cantaban estos versos llenos de simbolismos e intenciones de casamiento, eran principalmente mujeres, quienes entonaban los versos de amor y desamor de manera indistinta, pero no lo hacían siempre.
Según la creencia popular, en todas las festividades amatlecas se podía escuchar el Xochipitzahuatl cantado, pero lo que realmente se apreciaba era la música con la que se combidaba vino, pulque o una dulce castila para brindar con los compadres, familiares y amigos, mientras se danzaba.
La ejecución de este son era casi obligada en las muestras de algarabía y júbilo de los naturales de Amatlán; y el canto de su letra, significaba una verdadera santificación de un evento o ritual muy especial, hasta nuestros días.







