martes, 11 de abril de 2017


Mito: Las mujeres de Amatlán cuando se casaban, 'tenían' que vestir un huipil rojo.
Foto: Mujer azteca con su primogénito. Presenta en primer plano a una mujer vistiendo un huipil de la Región Papaloapan de Oaxaca, cargando a su hijo y detrás de ella en la puerta de una choza de madera con palma un grupo de mujeres amatecas con huipiles 'blancos', vestimenta original para la cotidianidad del pueblo de Amatlan de los Reyes y algunos jovencitos vistiendo camisa y cajones (calzoncillos que dejan las piernas desnudas) de manta.

No, al menos no siempre.

Se tienen indicios y testimonios (orales, físicos y fotográficos), dentro de la riqueza cultura de Amatlan de los Reyes, sobre el uso de una vestimenta inusual o de estilo ajeno a los bordados en Amatlán de los Reyes, que ostentaba la mujer amatleca. Se trata de un huipil completo, que evoca los diseños de dos de las cinco regiones del estado de Oaxaca: Papaloapan y Cañada; de color generalmente rojo bermellón, con listones de seda verdes o azules, troquelado con motivos de fauna y grecas, que se logran vislumbrar en algunas fotografías, textos y en la tradición oral.

Si bien en los rituales de boda se llegaron a utilizar dichas prendas, no era forzozo o un requisito portar este huipil; algunas doncellas se casaban con un huipil bordado de estrellas, listones e inclusive totalmente blanco sea sin bordado, esto según las posibilidades económicas del novio para adquirir el ajuar de casamiento o bien la novia bordaba su propio 'huipil de gala' con estrellas, randas, listones, flores o como mejor le gustara para tan especial evento, además existe la posibilidad que varias mujeres pudieran compartir el vestido, sin necesidad de comprarlo.

Además en la mayoría de los casos se prescindía incluso de los collares de plata, oro y coral, pues estos representaban 'el patrimonio' de la familia y dicho capital apenas comenzaba a generarse, producto del trabajo de la pareja.

El imaginario popular nos lleva a creer que todas las mujeres vestían 'cuasi uniformadas' aretes, collares de coral o de monedas de oro y plata, más no era así, como hemos citado todo ello dependía del poder adquisitivo de las familias y la actividad primaria a la que se dedicaran puesto que dentro de la economía local había grandes excepciones y personas con posibilidad para adquirir esos accesorios y quienes no.

Existen también referencias que muestran a la mujer amatleca utilizando el 'huipil de boda' en lo cotidiano, sin que ello demerite o menosprecie el valor que se le da a esta prenda en la cultura local.

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